A Lovesong for The Cure

Dicen que la música que escuchas cuando eres adolescente es la que te marca para toda la vida. Desde muy joven, desarrollé esta teoría en la que dice que las mejores amistades se forjan a partir de los gustos musicales. Así que cuando a los trece años intercambié con Michelle mi cassette de Disintegration, a cambio del Under A Blood Red Sky de U2, surgió una amistad que duraría hasta la fecha.

Wish salió en 1992, así que a lo largo de los 90´s The Cure me acompañó a través de un tiempo en donde en realidad importaba quién era Tu Banda Favorita. En 1996 conocí a Willy y nos hicimos novios. Compartimos lo mejor de la música de entonces y fuimos juntos a los conciertos de Smashing Pumpkins y U2. Fiel a mi teoría, actualmente seguimos siendo muy buenos amigos. Tengo un disco de Minor Victories que tengo que devolverle.

En 1999 estaba traduciéndole a Jorkas Open, la primera canción de Wish, mientras tácitamente pactábamos ser amigos por siempre. No ha habido momento bueno o malo el que no nos hemos acompañado desde entonces.

Para el año 2004, un asunto de salud y mala suerte haría que me perdiera el concierto de The Cure, causando esto un sisma entre Michelle y yo. Nos dejamos de hablar por algunos años, pero como dice mi mamá, hay canicas que se juntarán durante toda la vida, y ahora no hay día en que no hablemos.

En 2007, Alex, Eimy y Super planeábamos un viaje a Nueva York, y para nuestra alegría, The Cure anunciaba un concierto en el Madison Square Garden; ya teníamos los boletos comprados. Pero una vez más, la oportunidad de ver a The Cure por primera vez se me escapaba de las manos, ya que Robert Smith no se sentía listo para presentar el nuevo disco, 4:13 Dream, y daría por cancelado el concierto.

En 2017, Alex y yo tendríamos un bar llamado Radar Records, y para Halloween, decidimos hacer un tributo a The Cure, en donde yo tocaría toda la noche, disfrazada de Robert Smith. Willy me prestó varios discos y toqué toda la noche, una de las noches más memorables del bar.

Tributo a The Cure

En junio de 2019, a escasos cuatro días de haber conocido a Carlos en condiciones de total serendipia, comenzamos a hablar de The Cure y lo mucho que nos gustaba. Discutimos acerca de la genialidad de Seventeen Seconds. Comentamos de lo increíble que sería verlos en vivo, algo que ninguno de los dos había hecho. Fuimos compartiendo música y como deseando cosas imposibles, dijimos: ¡Hay que ir al próximo concierto de The Cure!

Fue así que al fin los rumores se confirmaron y se llegó el momento de conseguir boletos. Willy me compró el mío, Michelle consiguió los suyos en reventa, y Carlos convencería a su primo para ir juntos.

Y entonces llegó el tan esperado 8 de octubre. Michelle y Adriana, Willy, Carlos y Mariano nos preparábamos para el concierto, así como decenas de miles de personas quienes tienen historias similares a la nuestra: Quienes hemos vivido la mayoría de nuestra vida con las canciones de The Cure. Amigos que llevaron a sus hijos, millenials que distinguen de entre la desgracia de la música actual, la que en realidad importa, todos llamados por decenas de canciones que había que corear.

Ese día comí con Michelle y Adriana y al estar a punto de irnos, un impulso me hizo adelantarme al grupo y dirigirme al metro para llegar a ver a The Twilight Sad, pero antes de entrar a la estación Chilpancingo, Carlos me mandó un mensaje para alcanzarlos por un último trago en el Limantour e irme con ellos. Así que fui por un Moscow Mule y al fin nos fuimos hacia el concierto. Durante el trayecto escuchamos a The Cure y Twilight Sad. Acordamos que Disintegration es, para nosotros, la mejor canción de The Cure. Mientras yo cantaba And She Will Darken the Memory, segura de que no alcanzaríamos, por esta vez, a ver a Twilight Sad, entendía que la música es eso: la magia de los lazos. El tráfico regular de un martes nos hizo llegar justo a tiempo para escuchar Pictures of You en la fila de la entrada. Mientras avanzábamos entre la gente que moría por ingresar, le dije: no puedo creer que estemos al fin aquí.

Nos separamos con la promesa de encontrarnos al final, y cada quién se fue a su zona.

Y fue así que terminé disfrutando el concierto sola, pero acompañada de 65 mil personas, entre ellas Michelle, Adriana, Willy, Carlos, Álvaro (quien en la prepa me regaló el cassette de Japanese Whispers), y en representación de Alex y Eimy, quienes estaban más que contentos de saber que lo había logrado, que estaba a escasos metros de Robert, y sabiendo que ahí estaban Helder, Gaby, Octavio y cientos de miles de personas más que coreamos, lloramos, vivimos y disfrutamos a The Cure en una noche como ésta, en donde en un martes, todos estuvimos enamorados de Robert Smith.

Para ver el setlist: https://www.setlist.fm/setlist/the-cure/2019/foro-sol-mexico-city-mexico-339c4c8d.html