El Roxy 2019 y el peso de la Nostalgia

 

1994. Era el auge del grunge en el mundo entero. Después de que Pixies y Nirvana abrieran las puertas, muchas otras bandas siguieron alimentando a ese género llamado “alternativo”. Grupos como Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins, Jane´s Addiction, Soul Asylum, Candlebox o Red Hot Chili Peppers, pertenecían a la rotación diaria de videos en MTV. Eran los años dorados de una juventud que abrazaba el look desgarbado con camisas de franela, vestidos floreados y botas Dr. Marteens. Eran los Noventas.

Muchos de los asistentes al Roxy 2019 pudimos revivir parte de el espíritu de los 90´s; parafraseando a la sátira que Portlandia hace en su canción de entrada, estuvo vivo en Guadalajara, al menos por una fresca tarde de febrero.

El primer grupo que pude ver fue Nacha Pop. Cierto, este grupo se cuela un poco de finales de los 80s. Sin embargo, yo recuerdo cómo me gustaban sus canciones de rock en español. Me encantó escuchar “Asustado Estoy”. Gracias al soundtrack de Y tú mamá También Amores Perros (Gracias, Jorkas por la corrección), “Lucha de Gigantes” logró colarse en generaciones más nuevas. El mismo Nacho García reconoció lo anterior, diciendo que esta canción es ya más de los mexicanos, antes de tocarla. Recordaron también a Antonio Vega, vocalista original de la banda, quien falleció en 2009. Nacha Pop fue una excelente opción para dar inicio a la vuelta al tiempo que significó el Roxy 2019.

Un acierto que tiene el Roxy es tener los dos escenarios lado a lado y alternar a los actos, de tal forma que una banda le sigue a la otra y no tienes que correr de un extremo al otro, o peor como en el Corona Capital, elegir entre una banda u otra. Así que siguió inmediatamente Soul Asylum. Uno de los videos más significativos de la época es el de Runaway Train, que trata acerca de adolescentes y niños que huyen de sus casas escapando situaciones de abuso y violencia doméstica, o simplemente desaparecieron. Incluso presentaban fotos de casos reales que a mi me impactaron mucho. Dave Pirner, el vocalista, sigue con el look grunge. Pelo largo y camisetas. Misery es mi canción favorita de ellos, y la cantaron.

Future Islands, casualmente la banda más nueva del cartel, fue la siguiente. Ya para entonces, la tarde empezaba a refrescar. El atardecer caía mientras que Samuel Herring desgarraba su voz cantando sus éxitos. Una característica especial de esta banda es precisamente el nivel histriónico de su vocalista. Samuel golpea el micrófono, se tira al piso, canta con voz gutural mientras que las melodías se mantienen suaves y agradables. Yo realmente me emociono mucho con los vocalistas que transmiten la vibra de sus canciones, como si las cantaran por primera vez.

Adrian y yo nos conocimos en 1995. Entramos a trabajar al Sirloin Stockade y desde entonces hemos sido grandes amigos. Ayer me dio mucho gusto poder disfrutar del festival con él. Debo confesar que nunca fui muy fan de 311. Así que mientras tocaban, fuimos a la zona gourmet para cenar. Algo que el Festival Roxy tiene como parte de sus atractivos, es la oferta gastronómica. Siempre invitan a los restaurants en boga de la ciudad como La Panga del Impostor, Chacho o Mui Mui. Este año tocó la gastronomía de Yucatán como invitado. Desgraciadamente, creo que una falla es el tiempo de espera. Recuerdo el primer año, donde había filas larguísimas para comprar comida. En un festival, lo que quieres hacer es acortar tiempos de espera para comprar cerveza o comida, o ir al baño, porque corres el riesgo de que empiece a tocar tu banda favorita. Sin embargo, este año noté mas fluidez y disfruté de un burrito de Chancho que salió rapidísimo.

La banda tributo a The Beatles supo transmitir un ambiente de hermandad. Recordaron a John Lennon y enaltecieron la importancia de The Beatles, diciendo que sin ellos, probablemente estarían personificando a The Monkees.

Llegó el tiempo para Caifanes. No se puede negar que los eternos problemas entre Saúl Hernández y Alejandro Marcovich se notaron durante su presentación. Yo no sé si Saúl continúe con problemas con su voz, pero definitivamente no se vio mucho entusiasmo en su interpretación de manera general. Canciones que cantaba a la mitad, energía diezmada, que a final de cuentas toleramos debido al gran peso que una banda como Caifanes tiene en nuestra memoria colectiva. Fue por eso que cada uno de sus éxitos fue coreado por los asistentes y la ovación en especial para Sabo Romo, quien ha sabido continuar con su trayectoria y proyectos como el Rock en tu Idioma Sinfónico.

La razón principal por la que decidí ir al Roxy fue sin duda motivada por Bush. De todas las bandas de los 90s, Bush era una de mis favoritas. Sixteen Stone fue un album que me encantaba y lo escuchaba muchísimo. No se puede negar que Gavin Rosdale es un hombre muy atractivo, y terminó casándose con una de mis ídolas de esas épocas: Gwen Stefani. Sí, el matrimonio terminó hace algunos años, no todo en la vida es el final feliz, o sí, solo no como nos lo contaron. En fin, el chiste es que yo esperaba con ansias escuchar en vivo Little Things, Machine Head, Greedy Fly, Everything Zen y por supuesto, Glycerine y Come Down. Gavin no decepcionó y por el contrario, me parece que fue uno de los grandes protagonistas de la noche. Gavin hablaba en español y derrochaba carisma, rockeando como los grandes. Sin duda fue mi acto favorito.

Para muchos otros, Live fue la banda que nunca pensaron ver en vivo, y sin embargo, gracias al Roxy, pudieron disfrutar. Recuerdo haber escuchado mucho acerca de los problemas que tuvieron de manera interna los miembros de Live durante la primera década de los 2000. Tal vez por eso, esta banda no tuvo el éxito que podrían haber tenido. La voz de Ed Kowalczyk sigue tan poderosa y nítida como la recordamos. Haber escuchado I Alone, All Over You y, desde luego, Lightning Crashes fue un deleite.

Finalmente, tocó el turno de Stone Temple Pilots. La pérdida de Scott Weiland sigue doliendo. Scott fue uno de los pilares del movimiento Grunge-Alternativo y posteriormente de otros proyectos como The Velvet Revolver en los años 2000. Su voz y magnetismo era inconmensurable. Su muerte en 2015 fue un golpe más en el cementerio de grandes del Rock, que tristemente seguiría Chris Cornell. Sin embargo, la banda sigue haciendo tour y tocando los temas que nos forjaron como generación. Plush, Big Empty o Interstate Love Song serán himnos que cantaremos, no importa quién sea el vocalista. Scott Weiland se sintió presente esta noche en el Roxy.

La nostalgia vende, sí. Pero también nos alienta a mirar al futuro con confianza. Nos recuerda lo lejos que hemos llegado en nuestros caminos, nos trae viejos tiempos y nos hace abrazar al adolescente de 17 años que se preguntaría, ¿En dónde y con quén estaré en veinte años? Yo anoche estuve muy contenta de estar con Adrián y ver a tantos amigos queridos de esa época. Me alegro por el camino que he recorrido, y que volvería a trazar sin cambios.

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